Remolacha forrajera: aliada de la ganaderÃa del sur
Investigaciones del INTA del Valle Medio y Esquel muestran a este cultivo como una alternativa de alto rendimiento para suplementar bovinos durante el invierno.
La remolacha forrajera es un cultivo utilizado desde hace más de dos siglos en Europa como suplemento invernal para la alimentación animal. Su principal fortaleza reside en la complementariedad nutricional entre raÃces y hojas, una caracterÃstica que la diferencia de otros recursos forrajeros tradicionales.
"La remolacha permite concentrar en un solo cultivo una fuente energética comparable al maÃz y un aporte proteico significativo a través de las hojas", explica Verónica Favere, investigadora del INTA, y agrega que esta combinación "simplifica mucho el diseño de dietas en sistemas ganaderos que buscan eficiencia con bajo uso de insumos externos".
Según datos relevados por INTA, la raÃz aporta alrededor de 2,9 Mcal de energÃa metabolizable por kilo de materia seca, mientras que las hojas pueden alcanzar contenidos de proteÃna cruda cercanos al 20 %, lo que la vuelve especialmente atractiva para sistemas de recrÃa y terminación a campo.
Evaluaciones en Patagonia y adaptación regional
En la Patagonia norte, la remolacha forrajera comenzó a evaluarse a partir de 2017, cuando equipos de INTA Valle Medio iniciaron ensayos luego de intercambios técnicos con especialistas de Nueva Zelanda. Los resultados obtenidos confirmaron su muy buena adaptación a las condiciones edafoclimáticas de la región.
"Nos encontramos con un cultivo que responde bien incluso en suelos con limitaciones, donde otros forrajes no logran expresar su potencial", señala Favere. En este sentido, destaca su tolerancia a la salinidad y su estabilidad productiva durante el otoño y el invierno, un perÃodo crÃtico para los sistemas ganaderos patagónicos.
Si bien se trata de un cultivo destinado a la alimentación animal, la remolacha forrajera requiere un manejo agronómico intensivo. Demanda una cama de siembra bien preparada y una estrategia nutricional precisa, con altos requerimientos de nitrógeno, fósforo y micronutrientes como boro.
"El cultivo no es rústico desde el punto de vista del manejo, pero cuando se hace bien, el retorno productivo y económico es muy alto", alienta la investigadora del INTA. El control temprano de malezas y el seguimiento sanitario resultan claves para asegurar buenos niveles de implantación y rendimiento.
Una de las principales ventajas de la remolacha forrajera es su capacidad de seguir acumulando materia seca durante los meses frÃos, incluso entre mayo y octubre. Esta caracterÃstica le otorga un rol estratégico dentro de la cadena forrajera regional.
"La remolacha aporta previsibilidad. En un contexto de inviernos largos y déficit forrajero, contar con un cultivo que mantiene calidad y volumen es una gran ventaja para el productor", subraya Favere.
Con rendimientos del orden de 20 toneladas de materia seca por hectárea, es posible sostener cargas de 20 a 25 animales por hectárea, alcanzando producciones de 2.500 a 3.000 kilos de carne por hectárea por año. Además, el sistema de pastoreo frontal permite un aprovechamiento directo, con baja necesidad de infraestructura.
Resultados productivos en bovinos
Las experiencias de INTA Valle Medio muestran ganancias diarias de peso que oscilan entre 0,8 y 1,6 kg por animal, con promedios cercanos a 1 kg/dÃa en sistemas correctamente manejados. Una vez superado el perÃodo de adaptación, la dieta puede componerse hasta en un 90 % por remolacha, complementada con una fuente de fibra.
"El proceso de acostumbramiento es fundamental. Si se respetan los tiempos y las cantidades, los animales responden muy bien y los resultados productivos son consistentes", remarca Favere, quien destaca además la alta eficiencia de cosecha, cercana al 97 %, gracias al aprovechamiento completo de raÃces y hojas.
Desde el punto de vista económico, la remolacha forrajera presenta un costo por kilo de carne producido muy competitivo, comparable al de sistemas sobre pasturas base alfalfa y significativamente inferior al engorde tradicional a corral.
"Cuando se analizan los números, la remolacha muestra una relación muy favorable entre inversión y producción de carne, especialmente en escenarios de alto rendimiento", indica la investigadora. A esto se suma una buena calidad de carne, con animales bien terminados, grasa blanca y aptos para mercados que no admiten encierre.
Expectativas a futuro
La incorporación de la remolacha forrajera en combinación con pasturas perennes aparece como una de las estrategias más prometedoras para mejorar la rentabilidad y la estabilidad de la ganaderÃa bovina patagónica.
"Tenemos datos de más de ocho campañas que nos permiten afirmar que este sistema funciona y tiene margen para seguir creciendo", concluye Favere. "La remolacha puede ser una herramienta clave para transformar los sistemas ganaderos de los valles irrigados de la Norpatagonia".