Más carne, mejores pasturas y menor impacto ambiental
Una investigación conjunta entre la Universidad Nacional del Nordeste, el INTA, el Conicet busca mejorar la ganadería del norte argentino con la incorporación de una nueva leguminosa. Cuenta con financiamiento del IPCVA.
La región del Chaco seco abarca una superficie cercana a 50 millones de hectáreas, ocupando gran parte de las provincias de Formosa, Chaco, Santiago del Estero y Salta, donde la ganadería representa una actividad productiva de gran importancia, albergando cerca de 10 millones de cabezas de ganado bovino y alrededor de 2 millones de cabezas de ganado caprino.
En las últimas décadas, la actividad pecuaria de la región se ha ido intensificando a partir de la incorporación de nuevas tecnologías de procesos e insumos, como una mejor genética animal y la implantación de pasturas más productivas. Sin embargo, este crecimiento también enfrenta importantes desafíos. Gran parte de la actividad ganadera se desarrolla sobre ambientes con precipitaciones escasas e irregulares, altas temperaturas y suelos propensos a la erosión.
En lo que se refiere al uso de pasturas implantadas, una de las especies forrajeras más utilizadas en la región es el Gatton panic (Megathyrsus maximus cv. Gatton), una gramínea que ofrece una elevada producción de forraje durante el verano y que permitió mejorar notablemente la capacidad productiva de muchos establecimientos.
Sin embargo, es una especie muy demandante de la fertilidad del suelo, por lo que, con el paso de los años, estas pasturas suelen degradarse debido al agotamiento de nutrientes, especialmente nitrógeno, al manejo inadecuado del pastoreo, a la falta de fertilización, entre otros, dando lugar a una disminución de la producción de pasto, aumento de la proporción de suelo descubierto e incremento del riesgo de erosión.
De estos desafíos surge la necesidad de buscar soluciones productivas, económicamente viables y ambientalmente sustentables. Basados en experiencias previas en otras regiones del país y del mundo, investigadores de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), del CONICET y del INTA desarrollan un proyecto de investigación orientado a recuperar la productividad de las pasturas degradadas mediante la incorporación de una leguminosa forrajera nativa: Stylosanthes guianensis cv. Pionera-UNNE.
Las leguminosas, gracias a la acción de bacterias simbióticas presentes en sus raíces, son capaces de captar nitrógeno directamente de la atmósfera e incorporarlo naturalmente al suelo. Este proceso, denominado fijación biológica de nitrógeno, constituye uno de los mecanismos naturales más importantes para mantener la fertilidad de los sistemas agrícolas y ganaderos.
"Estas leguminosas, al asociarse con gramíneas como Gatton panic, no solo aportan nitrógeno para mejorar el crecimiento del pasto, sino que también incrementan el contenido de proteínas del forraje, elevando su calidad nutricional. Esto se traduce en mejores ganancias de peso de los animales, mayor producción de carne por hectárea y una menor necesidad de utilizar fertilizantes sintéticos", explicó el Ing. Agr. Alex Zilli, del Instituto de Botánica del Nordeste CONICET-UNNE y titular de la Cátedra de Zootecnia FCA-UNNE.
Los ensayos se encuentran instalados en 3 localidades del centro y centro-oeste de Formosa, abarcando diferentes regímenes pluviométricos y tipos de suelo. El proyecto evalúa distintas estrategias para incorporar Pionera-UNNE tanto sobre pasturas degradadas como en nuevas siembras consociadas. "Además de medir la producción y calidad del forraje, se pretende analizar cómo cambia la fertilidad biológica del suelo y determinar la cantidad de nitrógeno que la leguminosa aporta al sistema mediante técnicas isotópicas de última generación, cuantificando a su vez cuánto del nitrógeno fijado por la leguminosa es aprovechado por la gramínea acompañante", amplió Zilli.
La incorporación de una leguminosa perenne y nativa en las pasturas contribuirá a incrementar de manera sostenible la producción y calidad del forraje, reduciendo la dependencia de fertilizantes nitrogenados y los costos de producción. Paralelamente, favorecerá la conservación del suelo mediante una mayor cobertura vegetal, el aporte de materia orgánica y el reciclado de nutrientes, además de incrementar la biodiversidad al proveer recursos para polinizadores.
En un contexto donde la producción de alimentos debe responder simultáneamente a las demandas de mayor eficiencia y menor impacto ambiental, iniciativas como esta demuestran que la ciencia puede ofrecer soluciones concretas para producir más, producir mejor y conservar los recursos naturales.



