Recomendaciones para el invierno

Cómo proteger al rodeo y reducir las pérdidas

El viento, la humedad y la falta de reparo pueden incrementar significativamente el estrés por frío, elevar los requerimientos energéticos y comprometer el bienestar y la productividad del rodeo.

Las olas de frío no sólo representan un desafío para las personas. En los sistemas ganaderos, las bajas temperaturas también pueden afectar el desempeño de los bovinos, especialmente cuando se combinan con viento, lluvia o barro. En esas condiciones, los animales deben destinar más energía para mantener su temperatura corporal, lo que aumenta sus requerimientos nutricionales y puede traducirse en pérdidas de condición corporal y productividad.

Con el objetivo de ayudar a los productores a minimizar esos riesgos, el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) elaboró una serie de recomendaciones prácticas para el manejo del rodeo durante el invierno, haciendo foco en la alimentación, el bienestar animal y la detección temprana de signos de estrés.

El viento puede ser más determinante que la temperatura

Uno de los aspectos que destaca el IPCVA es que el riesgo para los animales no depende únicamente de la temperatura ambiente, sino también de la denominada "sensación térmica", que aumenta cuando el viento intensifica la pérdida de calor corporal.

Por ejemplo, una temperatura de 0 °C acompañada por vientos de 40 km/h genera una sensación térmica equivalente a -7 °C. Si la temperatura ambiente desciende a -10 °C con esa misma velocidad de viento, el efecto percibido por el animal alcanza aproximadamente los -21 °C.

La situación se agrava cuando los bovinos presentan el pelaje mojado o embarrado, ya que disminuye notablemente su capacidad de aislamiento térmico. En esas condiciones, incluso jornadas con temperaturas moderadas pueden transformarse en escenarios de riesgo, sobre todo para terneros, animales flacos o categorías más vulnerables.

El frío aumenta las necesidades de alimentación

A medida que desciende la temperatura, el ganado necesita consumir más energía para mantener su temperatura corporal.

Según la información difundida por el IPCVA, entre los 15 y 25 °C no se observan cambios en el consumo de alimento asociados al clima. Sin embargo, cuando la temperatura baja:

  • entre 5 y 15 °C, el consumo puede aumentar entre un 2 y un 5%;

  • entre -5 y 5 °C, el incremento oscila entre el 3 y el 8%;

  • entre -15 y -5 °C, puede llegar al 10%;

  • y por debajo de los -15 °C, los requerimientos energéticos pueden incrementarse entre un 8 y un 25%.

No obstante, el efecto real dependerá de otros factores como el viento, la humedad, la calidad del forraje disponible, la categoría animal y el estado corporal del rodeo.

Cinco medidas para reducir el impacto del invierno

Para atravesar los períodos de frío intenso con menores pérdidas productivas, el IPCVA recomienda implementar un manejo preventivo del rodeo basado en cinco acciones fundamentales.

1. Brindar reparo. Disponer de cortinas forestales, montes o refugios artificiales ayuda a reducir la exposición al viento. También resulta importante evitar sectores con barro o humedad permanente.

2. Ajustar la alimentación. Frente al incremento de los requerimientos energéticos, es necesario asegurar una oferta suficiente de forraje y suplementar cuando las condiciones climáticas, la categoría o el estado corporal lo requieran.

3. Garantizar agua de calidad. Los bebederos deben revisarse con frecuencia para asegurar disponibilidad permanente, buen caudal y limpieza.

4. Monitorear la condición corporal. Las vacas con baja condición, los terneros y otras categorías sensibles requieren un seguimiento más cercano durante los eventos de frío intenso.

5. Anticiparse al clima. Consultar los pronósticos permite planificar movimientos del rodeo y adoptar medidas preventivas antes de la llegada de lluvias, heladas o fuertes vientos.

Señales que indican estrés por frío

Además de las medidas preventivas, el IPCVA recomienda observar el comportamiento de los animales para detectar rápidamente posibles problemas. Entre las principales señales de alerta se encuentran:

  • temblores o escalofríos persistentes;

  • animales que se agrupan buscando reparo;

  • lesiones por frío en zonas expuestas;

  • decaimiento, fatiga o menor respuesta a estímulos;

  • descenso de la temperatura corporal;

  • disminución en el consumo de alimento y agua.

La aparición de estos signos indica que el rodeo está destinando una cantidad importante de energía a mantener su temperatura corporal y que es necesario revisar de inmediato las condiciones de alimentación, disponibilidad de agua, reparo y estado corporal de los animales.

Un manejo oportuno evita pérdidas

Aunque los bovinos poseen mecanismos naturales para soportar las bajas temperaturas, el frío intenso combinado con viento y humedad puede superar esa capacidad de adaptación. Por eso, un manejo preventivo, el monitoreo permanente del rodeo y una rápida respuesta ante los primeros signos de estrés son herramientas clave para preservar el bienestar animal y evitar pérdidas de producción durante el invierno.

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