Ganadería y Clima

Claves para mitigar los efectos del Niño

Con El Niño ya instalado y una alta probabilidad de que continúe durante la primavera, la planificación se vuelve una herramienta central para la ganadería.

El escenario climático que enfrenta la ganadería obliga a mirar más allá de la cantidad de lluvia que pueda registrarse. El desafío está en anticipar cómo manejar el campo cuando el exceso de precipitaciones dificulta el aprovechamiento del pasto, genera anegamientos y convierte los lotes en zonas de barro.

El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) confirmó que durante septiembre de 2026 continúa la fase de El Niño y señala una probabilidad del 100% de que se mantenga durante el trimestre septiembre-octubre-noviembre. El fenómeno suele favorecer precipitaciones superiores a lo normal en distintas regiones de la Argentina, aunque sus efectos no son iguales en todo el territorio.

Frente a este escenario, Osvaldo Luna, consultor especializado en empresas agropecuarias, plantea que la principal herramienta es anticiparse: planificar distintos escenarios de manejo antes de que el exceso de agua limite las posibilidades de decisión.

Reservas forrajeras: un recurso estratégico frente al exceso de agua

"Lo que estamos trabajando básicamente con las empresas es desarrollar una planificación estratégica que consiste en tener bien asentadas algunas cuestiones del manejo", explica Luna.

Entre ellas, ubica en primer lugar las reservas. El objetivo es contar con alimento disponible para aquellos momentos en que las condiciones del campo impidan aprovechar normalmente el pasto. "Si tenemos algún problema para aprovechar el pasto, ver cómo lo podemos solucionar. Y las reservas son lógicamente un insumo estratégico para esas cuestiones", señala.

El exceso de precipitaciones no necesariamente significa mayor disponibilidad efectiva de forraje. Cuando los animales no pueden ingresar a determinados sectores del campo sin provocar daños en el suelo o cuando las condiciones de humedad dificultan el pastoreo, una parte del recurso forrajero puede quedar temporalmente fuera de uso.

Por eso, la planificación de reservas debe formar parte de la estrategia previa al evento climático y no ser solamente una respuesta cuando el problema ya está instalado.

Otro de los puntos centrales es pensar con anticipación cómo se moverá la hacienda dentro del establecimiento. Ante un período de abundantes precipitaciones, Luna recomienda identificar las zonas más altas del campo, donde los animales puedan descansar y permanecer cuando los sectores bajos se encuentren anegados.

"Siempre tener una zona un poco más alta donde pueda ir la hacienda, pueda descansar y cómo va a mover esa dinámica del lote o estratégicamente en qué momento utilizar una zona del campo por ahí más baja y otra zona del campo más alta", plantea.

La idea es trabajar con el campo disponible de manera estratégica, evitando utilizar de manera permanente los sectores más susceptibles al anegamiento.

En ese sentido, también resulta importante revisar antes de la temporada de mayores lluvias la infraestructura que permite movilizar la hacienda: caminos internos, corrales, accesos y sectores de circulación.

Caminos, corrales y canales: la infraestructura también se planifica

El exceso hídrico pone a prueba la infraestructura ganadera. Caminos intransitables, corrales deteriorados o sectores donde el agua no tiene una vía adecuada de escurrimiento pueden convertirse rápidamente en limitantes para el manejo.

Luna recomienda trabajar previamente sobre la limpieza de corrales, la circulación de los caminos de la hacienda y la canalización de los campos, pero especialmente entender cómo se mueve el agua dentro de cada establecimiento.

Esta planificación cobra todavía más importancia cuando se producen lluvias sucesivas y el suelo no alcanza a recuperar su capacidad de absorción.

El barro puede comprometer la eficiencia de los sistemas intensivos

El impacto del exceso hídrico no se limita a los sistemas pastoriles. En planteos más intensivos, el barro puede convertirse en un factor directamente asociado con la pérdida de eficiencia productiva. "El barro es el peor enemigo para la intensificación", advierte Luna, "porque los animales deben realizar un mayor esfuerzo para desplazarse y pueden reducir tanto el consumo como la ganancia de peso y la eficiencia de conversión". 

Por eso, Luna propone que los sistemas más intensivos contemplen una estrategia flexible. "Los sistemas un poquito más intensivos van a tener que tener otro tipo de estrategia, un poco más intensiva pensando en evitar esto, haciendo sobre todo algún tipo de manejo un poco más flexible, tratando que en determinado momento del año intensifiquemos un poquito menos".

Y resume esa idea con una definición que resulta especialmente relevante frente a escenarios climáticos variables: "Muchas veces menos es más".

La recomendación implica no mirar solamente la posibilidad de aumentar la carga o la intensidad del sistema, sino evaluar si las condiciones ambientales permiten sostener esa estrategia sin deteriorar los indicadores productivos.

Plan sanitario: el "seguro" de la hacienda

El exceso de humedad y los períodos prolongados de barro también obligan a reforzar el seguimiento sanitario.

Para Luna, la primera medida no depende específicamente de El Niño: es contar con un plan sanitario adecuado y adaptado al sistema productivo. "Lo mejor que puede tener un campo es un plan sanitario, que es una estrategia fundamental sobre un capital: la hacienda", sostiene.

Durante períodos de condiciones ambientales adversas, recomienda prestar especial atención a los indicadores sanitarios y, particularmente, a la mortandad. 

En los sistemas de cría, Luna menciona como referencia niveles de mortandad que pueden ubicarse alrededor del 1 al 2%, dependiendo de la zona, y advierte sobre el impacto productivo y económico que tendría un incremento significativo de ese indicador.

El seguimiento debe permitir detectar rápidamente cualquier desvío y actuar antes de que un problema sanitario se transforme en una pérdida productiva de mayor magnitud.

Menos producción también significa menor margen

Una de las cuestiones que Luna pone sobre la mesa es que un contexto de buenos precios no garantiza por sí mismo la rentabilidad del negocio.

"Estos buenos precios no aseguran la renta. Lo que te asegura la renta es acompañar estos precios con producción, con estrategia", afirma. El razonamiento es particularmente importante ante un escenario de excesos hídricos: si se pierde disponibilidad efectiva de pasto, disminuyen los kilos producidos; y si cae la producción, también se deteriora el margen económico.

Por eso, la planificación climática debe pensarse como una herramienta económica además de productiva.

La pregunta no es solamente qué hacer cuando llueve demasiado, sino cómo evitar que una condición climática adversa termine transformándose en menos kilos producidos y, finalmente, en menor rentabilidad.

El desafío no termina con la primavera: mirar hacia el otoño

Aunque la primavera y el verano requieren seguimiento permanente, Luna pone especial atención en el período posterior al verano. "Nosotros vemos que los peores eventos que hemos tenido, por lo menos en nuestras regiones, son los otoños húmedos", explica.

El comienzo del otoño representa, además, un momento estratégico para los sistemas pastoriles porque coincide con una etapa de transición entre el final del verano y el inicio de nuevas producciones de forraje, verdeos, siembras y cosechas.

"Es el momento o el empalme en donde en los sistemas pastoriles los animales terminan ese verano y empiezan los verdeos, la siembra, las cosechas", describe.

Por eso, aunque el comportamiento climático durante la primavera deberá seguirse de cerca, su recomendación es no perder de vista lo que pueda ocurrir hacia el final del verano y el comienzo del otoño.

Conclusiones: trabajar con escenarios y mantener flexibilidad

Ante un fenómeno climático que puede generar condiciones muy diferentes según la región y el momento del año, Luna propone evitar las decisiones rígidas: "Lo importante es planificar y tener preparados dos o tres escenarios".

Esto significa definir de antemano qué hacer si las precipitaciones se mantienen dentro de lo esperado, qué medidas tomar ante un exceso de lluvias y cómo adaptar la carga, el uso de los lotes, las reservas y la alimentación si las condiciones se vuelven más adversas.

La información climática permite anticipar tendencias, pero después las decisiones deben ajustarse a lo que efectivamente ocurre en cada establecimiento.

El SMN, de hecho, advierte que El Niño modifica las probabilidades de determinados patrones climáticos, pero no significa que las lluvias vayan a comportarse de la misma manera en todas las regiones.

Para la ganadería, entonces, la clave no pasa por intentar adivinar exactamente cuánto va a llover, sino por llegar al evento con más alternativas de manejo.

Querés más recomendaciones? Leé esta nota: https://www.ganaderiaycompromiso.com.ar/produccion/seis-claves-para-manejar-el-rodeo-durante-el-exceso-hidrico/

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